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jueves, 9 de enero de 2014

Diferencias físicas entre Hombre y Mujer




     Diariamente escuchamos la absurda cantinela de que hombres y mujeres somos iguales... Esto, definitivamente, ¡no es así! Lo que tenemos en común hombres y mujeres es, básicamente, ser miembros de la raza humana; por lo demás, no somos iguales, ¡somos complementarios!

     Viendo el cuerpo de la mujer y del hombre, las diferencias son abismales, desde los huesos que en el hombre son más porosos, más gruesos, más resistentes; en la piel, el PH es distinto, la textura misma, por lo tanto, es distinta; los vasos linfáticos y sanguíneos son de mayor calibre en la mujer; el sistema nervioso posee más polisensores (que registran sensaciones y placer) en la mujer, y muchos más nociperceptores (que registran dolor) en el hombre; el sistema inmunológico de la mujer es mucho más fuerte que el del hombre, con lo cual tiene mayor resistencia y hasta inmunidad a determinadas enfermedades; el aparato sensorial de la mujer es mucho más fino, más agudo que el del hombre con lo cual una mujer puede sentir más, discernir más colores, más sonidos, más olores... y así podríamos continuar, sistema por sistema, función por función, parte por parte del cuerpo. Hay una diferencia radical entre hombre y mujer.

     En el mismo cerebro hay una diferencia muy marcada, y aquí está uno de los puntos más críticos.



     Visualicemos las dos mitades del cerebro como si fueran dos secciones de una gran empresa e imaginemos que el lado izquierdo es el departamento que recibe la información y, el derecho es el que la retransmite. Léase, por el lado izquierdo recibimos los datos sensoriales y por el derecho nos expresamos.

     Para que estos departamentos se comuniquen necesitamos líneas de teléfono, es decir, los teléfonos internos de la oficina. En el caso de la mujer, hay entre cuatro y ocho veces más líneas de comunicación (el cuerpo calloso) que en el hombre, es decir, que por el sólo hecho de ser mujer, su cerebro transmite sus sentimientos y los verbaliza en forma mucho más rápida. Pero la oficina también necesita un centro de control (la cresta del hipotálamo), que en el cerebro del hombre es entre doce y dieciséis veces mayor que el de la mujer, con lo cual el hombre tiene un mayor control y tiene una mayor abstracción.

     Estas diferencias son notorias y las podemos ver fácilmente en los niños pequeños cuando recién entran al colegio, ya que muestran una clara desemejanza por sexo...

     Las niñas, aprenden inmediatamente todo lo que es letras –hablar y escribir–, a una velocidad muy superior que el niño; mientras tanto, el varón, en el campo de las matemáticas, geometría y sobre todo, lo que implique abstracción, saca una ventaja bárbara sobre el sexo femenino. Esto también tiene que ver, según se ha demostrado, con la fisiología del cerebro.

     Lo más terrible de esta situación es que, a pesar de que las diferencias son innegables, marcadas y visibles, se haya llegado a tal punto de ceguera ¡que se las niega rotundamente!

     Con solamente ver a un hombre y a una mujer, la diferencia es evidente; sin embargo, hoy en día, nos esforzamos en cerrar los ojos y decir: «¡No! ¡Somos iguales! ¡Una mujer puede hacer lo mismo que un hombre!» y se suele añadir: «¡Y la mujer puede hacerlo mucho mejor!» (Con lo que se invalida, de hecho, la misma igualdad que se aparenta pretender).

     No niego que una mujer sea capaz de realizar una serie de funciones que tradicionalmente hacía sólo el hombre, y que, a su vez, el hombre puede realizar funciones tradicionalmente femeninas; pero lo importante, es no caer en una competencia sin sentido que destroza a nuestra sociedad con una lucha absurda, en la cual parecería que estuviéramos en la ridículamente inmadura actitud de «¡te pruebo que yo puedo más que tú!», en vez de trabajar juntos y hacerlo cada vez mejor.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Los Recursos Naturales Y Su Importancia

 
 
 
 
       Gran cantidad de observaciones señalan de modo inequívoco que la supervivencia humana depende no sólo de gérmenes patógenos que alteran la salud, sino también de la actitud del hombre hacia la vida, del modo como se conduce y, sobretodo, de su actitud hacia el medio ambiente en que tiene que vivir.
       Hoy día han desaparecido o disminuido considerablemente las catastróficas epidemias que -en otros tiempos- afectaron a la Humanidad, pero en el vacío dejado por ellas van introduciéndose nuevos tipos de trastornos, generados por el propio hombre, que pueden conducir a otras catástrofes tanto o más graves que aquellas.
       El aire y el agua son contaminados constantemente por los residuos de la industria o como consecuencia del tránsito vehicular; los productos químicos utilizados para combatir insectos dañinos pueden envenenar a plantas y animales que sirven como alimentos al hombre; la desforestación y el cultivo inadecuado de los suelos, arrasan anualmente millones de hectáreas cultivables, aumentando la amenaza de hambre y miserias en un mundo superpoblado. Estos pocos ejemplos de la acción perturbadora del hombre en su medio y las repercusiones negativas que ella tiene para su propio bienestar, son suficientes para entender la urgente necesidad de cambiar la actitud del ser humano hacia el medio ambiente.

"De continuar esta devastación,
nosotros y nuestros hijos despertaremos día tras día
con el amargo deseo de no haber nacido nunca."

Wayne Mc Euring
 
 

jueves, 31 de octubre de 2013

Sabiduría de la Naturaleza

          por Michael Blumenthal





       Conducidos por nuestro guía naturalista, siete viajeros y yo caminábamos por la playa de blanca arena de la isla más meridional del Archipiélago de las Galápagos. Íbamos en busca de los grandes nidos en donde las tortugas verdes del Pacífico ponen sus huevos y los dejan incubándose.
 
       La mayoría de las tortuguitas (que al desarrollarse llegan a pesar hasta 150 kilos) emergen de esos nidos en Abril y Mayo de cada año y emprenden una carrera frenética de vida o muerte para alcanzar el mar antes de que las aves rapaces las conviertan en bocadillos.
 
       Era casi la hora del crepúsculo, el momento en el cual -si las tortuguitas han de lograr escapar con vida- una de ellas debe arriesgarse a salir al aire libre a explorar para ver si hay seguridad para que la sigan sus hermanas en la carrera hacia las olas.
 
       Di con un nido grande, en forma de tazón, del que sobresalía un centímetro la cabeza gris de una diminuta tortuga verde. Al reunirse conmigo mis compañeros, oímos un crujido detrás de nosotros, entre las breñas... se acercaba un pájaro mímido encapuchado.
 
       "¡Quédense quietos y observen!" nos recomendó nuestro joven guía ecuatoriano, mientras el pájaro se desplazaba hasta quedar a unos cuantos centímetros de la cabeza de la tortuguita. Y añadió: "Ahora... ¡atacará!".
 
       El ave se acercó más al nido y empezó a picotear la cabeza de la tortuguita, con la intención de sacarla del hoyo. Se oyó un jadeo que exhalaron mis compañeros.
 
       "¿No va usted a hacer algo?" preguntó una voz angustiada.
 
       Nuestro guía se tocó los labios con un dedo y luego musitó: "Así actúa la Naturaleza".
 
       "Pues yo no voy a sentarme aquí a presenciar esto" objetó un apacible vegetariano de California.
 
       "¿Por qué no obedecen al guía? No debemos interferir." les sugerí’ yo.
 
       "Para empezar... si no fuera por los humanos, las tortugas no estarían en peligro de extinción." sermoneó una de nuestras compañeras.
 
       "¡Si usted no hace nada, yo sí lo haré!" reconvino al guía el marido de la que acababa de hablar.
 
       Este vocerío humano ahuyentó al mímido lejos de su alimento. No de muy buen grado, el guía sacó a la tortuguita del hoyo para ayudarla en su carrera hacia el mar.
 
       Pero lo que sucedió luego, nos tomó por sorpresa...
 
       En vez de que una sola tortuguita rescatada se pusiera a salvo, cientos de tortuguitas, al captar la falsa señal de que no había peligro, salieron de sus nidos y empezaron a patalear penosamente hacia la pleamar.
 
       Fue patente la insensatez de nuestro grupo al interferir con la Naturaleza...
 
       No sólo habían salido las tortuguitas engañadas por la impresión de que podían hacerlo sin peligro, sino que su alocada carrera se inició demasiado pronto.
 
       El resplandor del ocaso, aunque ya tenue, no les permitía ocultarse de las voraces aves depredadoras.
 
       En cuestión de segundos, el aire se pobló de alegres rabihorcados, pelícanos y gaviotas. Dos halcones de las Galápagos, con los ojos muy abiertos, se posaron en la playa y una bandada de mímidos, cada instante más numerosa, siguió encarnizadamente a sus pataleantes víctimas, que fueron suculenta cena.
 
       "¡Dios mío! ¡Miren lo que hemos hecho!" exclamó alguien.
 
       Para entonces, la carnicería de docenas de tortuguitas estaba en su apogeo.
 
       Nuestro joven guía, con la intención de enmendar la desobediencia a su certero instinto, cogió una gorra de beisbol y la llenó de tortuguitas. Se adentró en el océano y soltó allí a los pequeños seres; luego, ahuyentó a sombrerazos a los rabihorcados y pelícanos.
 
       Cuando todo terminó, los graznidos victoriosos de bien alimentadas aves de rapiña resonaron en el aire. Los dos halcones permanecían apostados en la playa, con la esperanza de obtener algún rezagado resto del botín. Ya sólo se oía el retumbar de las olas sobre la blanca arena de la Bahía de Gardner.
 
       Mis compañeros, cabizbajos, caminaron a paso lento por la playa. Me pareció que aquél silencio cuadraba perfectamente a un grupo tan humano... demasiado humano. Y pensé que aquél silencio se acercaba mucho a un tácito canto de humildad.
 

lunes, 8 de julio de 2013

Y… ¿Qué Es Ciencia?


 
Y... Que es la Ciencia
 

       Lo “científico” está muy de moda;  el mencionar lo que la Ciencia acaba de descubrir nos permite aparecer como personas cultas ante quienes nos escuchan; pero la realidad es que los datos sensacionalistas que difunden los medios masivos de comunicación suelen ser cualquier cosa menos científicos.

       Y es que el hombre de hoy -quien lee y se instruye menos cada día- tiene una “cultura televisiva” que no es más que un simple barniz que cubre una gran área… pero tiene una profundidad mínima, casi nula.

       Ni siquiera se comprende ni se usa correctamente el término “Ciencia”…

       Esta palabra proviene del vocablo latino “scientia”, que denota conocimiento; pero se refiere -muy concretamente-  a conocimientos verificados (y verificables) y no a simples teorías o apreciaciones personales.

       En los libros serios sobre el tema, se especifica que la Ciencia -para ser realmente tal- requiere tener un Objeto definido de estudio y basarse en el Método Experimental para que permita la repetición de las pruebas y la verificación de los resultados obtenidos.

       Por lo tanto, las Matemáticas -que no tienen un Objeto definido, sino un conjunto de valores y reglas abstractas- no son una Ciencia, sino una Disciplina. Y lo mismo puede decirse de la Psicología y las ahora llamadas “Ciencias Sociales”, ya que la Mente Humana y la Sociedad no son Objetos definidos ni están sujetos a pruebas reiteradas con resultados similares.

       No solamente no se distingue las Ciencias de las Disciplinas, sino que, adicionalmente, se está cayendo en considerar cualquier cosa como “científica” por el simple hecho de ponerle una etiqueta lo suficientemente impresionante, de preferencia terminada en “…ólogo”.

       Un caso que se está volviendo clásico es el de la Parapsicología, que viene a ser la parte estadística de la Psicología en lo que se refiere a casos paranormales (léase: fuera de lo común); sin embargo, hoy en día se llama “Parapsicólogo” a cualquier médico-brujo y no a los auténticos (que investigan casos y no hacen “magia”).

       Más pintoresco aún es el recientemente acuñado término “Ufólogo” que proviene de las siglas inglesas U.F.O. (Unidentified Flying Objects, esto es, Objetos Voladores No Identificados u O.V.N.I. en español) y se usa para referirse a los supuestos “expertos” en platos volantes y extraterrestres… ocupación nada científica, ya que estos charlatanes no aportan pruebas científicamente válidas.

       Por supuesto, no hay que olvidar a los eternos Esoteristas -antes llamados Ocultistas, ahora “Metafísicos” o cosas por el estilo- quienes desde hace tiempo nos quieren vender sus fábulas pseudo-evolucionistas (con Hiperbóreos, Lemures, Atlantes, etc.) a precio de oro.

       Y ya que hablamos de Evolución, cabe recordar que ésta y el Big Bang no pasan de Teorías, pues no han sido jamás demostradas.

Es tiempo de revisar, con calma y seriedad, nuestras supuestas “bases científicas”…

 

jueves, 27 de junio de 2013

El vuelo del Moscardón

El Vuelo del Moscardon

 
¿Puede volar el Moscardón?

       Tal vez la pregunta nos pueda parecer totalmente innecesaria… tonta, incluso.
 
       Cualquier persona con ojos -hasta un niño- puede ver a los moscardones volar graciosamente por el aire.
 
       Pero la Ciencia -esa moderna deidad que escribe su nombre con mayúscula- se ocupó de este insecto para estudiar con gran detenimiento su vuelo… con resultados realmente sorprendentes.
 
       Este Artículo servirá para despertarnos a la dura realidad de que muchas de las supuestamente “sólidas” y contundentes Verdades Científicas en que nos apoyamos, pueden no ser tales…
 

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       Era la década de los ´70. El “boom” de los nuevos logros científicos resonaba por todas partes y -quien más, quien menos- todos se hacían eco de la todopoderosa Ciencia actual.
 
       En Florida, Estados Unidos, un joven se preparaba al Examen de Grado que le conferiría el título de Entomólogo. Su dedicación al estudio de los insectos era intensa y real. Durante sus años de universitario se había esforzado, logrando destacar y ahora quería cerrar con Broche de Oro una trayectoria brillante.
 
       El joven estaba confiado… tenía una carta bajo la manga que otros no podían ni sospechar: Su cuñado -el esposo de su hermana- era uno de los científicos que, en la NASA, se ocupaban de los complejos cálculos que sirven para poner los satélites en órbita… y había ofrecido ayudarlo.
 
       Su proyecto era sencillo, pero, a la vez, de gran lucimiento. Se disponía a hacer el estudio detallado del vuelo de los insectos en una forma no emprendida antes: El estudiaría la morfología del insecto en cuestión, sus alas, los músculos que las mueven, etc. y su cuñado lo ayudaría con las complejas fórmulas aerodinámicas que daban coherencia al vuelo. Incluso se había preparado para cubrir el costo de cierto número de horas de computadora (conseguidas a base de muchos ruegos y algunas influencias) que -según él y su cuñado- bastarían para hacer los cálculos necesarios y trazar las curvas correspondientes a las corrientes de aire durante el vuelo del bicho.
 
       Para su proyecto había elegido a un insecto algo gordo y torpe… pero famoso: el Moscardón.
 
       Ya el músico ruso Rimski-Korzakoff había dedicado toda un área de su ópera Zar Zaltan al “Vuelo del Moscardón”, donde el violín, con un zumbido melodioso, representaba las andanzas y maniobras del vuelo del mismo. Incluso en libros hindúes de respetable antigüedad se hablaba poéticamente del Moscardón y de su vuelo, asemejando sus  giros a los de los amantes y su zumbido a los suspiros del amor.
 
       Y, ahora, él lo estudiaría científicamente para explicar -en detalle- como un insecto tan gordo y pesado lograba hacer tales piruetas en el aire.
 
       El joven se esmeró; fue increíblemente detallado y meticuloso…
 
       Primero capturó un cierto número de Moscardones a los cuales pesó y midió en forma sumamente precisa hasta determinar su forma promedio con bastante exactitud.
 
       Luego, cuidadosamente, aplicó su bisturí para poder separar y medir -para cada caso particular- el tamaño y potencia relativa de los músculos impulsores de las alas, así como el área y resistencia de las mismas.
 
       Todos estos datos eran anotados para ser enviados a su cuñado quien los introduciría en la computadora a fin de efectuar el cálculo de fuerzas, la masa de aire desplazada, la resistencia del aire al cuerpo del insecto durante el vuelo y los demás parámetros involucrados, tal como si se tratase de un avión de alta tecnología.
 
       Al fin, después de varios meses, el joven concluyó que los datos recabados deberían ser ya suficientes -excesivos, incluso- para los fines que se proponía y así se lo indicó a su cuñado, el cual puso en marcha el Programa de cálculo que había preparado para esto, introduciendo el conjunto de datos.
 
       La computadora recibió las tarjetas perforadas, procedió a efectuar todos los cálculos correspondientes y emitió su resultado: La masa de aire desplazada por las alas del Moscardón era inferior al peso del mismo… en buen castellano: El Moscardón no podía volar.
 
       El científico de la NASA recogió el papel impreso, pero frunció el ceño al darse cuenta de que -seguramente- había cometido algún error al introducir el Programa. Claro que esto era altamente improbable, pues era el mismo sistema de cálculos que usaba diariamente para aviones, cohetes y proyectiles, sin falla alguna.
 
       Pacientemente, revisó su Programa… y no halló falla alguna. Repitió la prueba… y obtuvo el mismo resultado una y otra vez. Ajustó los márgenes de error, aumentó la precisión de los cálculos… y el resultado seguía siendo el mismo: El Moscardón no podía volar.
 
       A estas alturas, ya varios de sus colegas se hallaban intrigados por la curiosa investigación y decidieron ayudarlo. El asunto se volvió el Proyecto Mascota (Pet Proyect) del Grupo de Aerodinámica de Cabo Cañaveral (hoy Cabo Kennedy) bajo el nombre de Proyect Bumblebee (Proyecto Moscardón) y hasta lograron convencer a sus jefes para que les asignaran más tiempo de computadora.
 
       Se revisaron los cálculos una y otra vez. Se solicitaron datos adicionales al joven entomólogo a fin de aumentar más y más la precisión de los resultados. Se hicieron diversos enfoques del problema. Incluso se calculó cuanta fuerza de empuje se necesitaría para levantar verticalmente por los aires al Moscardón (tal como el mismo insecto suele hacer al emprender su vuelo) y la computadora indicó que las alas se destrozarían con el esfuerzo implicado.
 
       Se efectuaron incluso simulaciones en el Túnel de Aire, las cuales sólo obtuvieron un imaginario Moscardón pegado al suelo y sin posibilidad alguna de despegar o -en las simulaciones de vuelo- una caída rápida, estrellándose una y otra vez contra el suelo.
 
       La Prensa -de alguna forma- llegó a enterarse y el asunto ocupó los titulares de revistas y periódicos y recibió tiempo en la televisión. Todo Estados Unidos -incluso el mundo- se enteró del famoso Proyecto Moscardón.
 
       Finalmente, habiendo agotado todas las pruebas imaginables, los científicos tuvieron que dar por terminado el caso y emitir un dictamen que haría historia:

El Moscardón no puede volar.
 
       No importa que miles o millones de Moscardones -con su alocado vuelo- nos demuestren lo contrario… la Ciencia había probado sin lugar a dudas que no podía volar.
 
       En la entrevista por televisión que se le hizo al joven (que logró su Doctorado en Entomología) y a su científico cuñado, surgió la inevitable pregunta:
Si está «científicamente probado» que el Moscardón no es aerodinámico y, por tanto, no puede volar… ¿cómo es que vuela?”
       La respuesta del entomólogo también pasaría a la Historia:
Probablemente es porque nadie se lo ha informado aún.”
       Afortunado hecho para los Moscardones y para todos aquellos que disfrutamos al contemplarlos en su vuelo retozón.

 
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       Pero este cuento tiene su Moraleja:
 
       No todo lo que nos cuentan es Ciencia.
 
       Hemos llegado a convertir “aquello que la Ciencia dice” en Dogma de Fe, sin preguntarnos su fuente o su sentido.
 
       Nuestra superficial ilustración actual -o para ser más exactos, nuestra tan ilustrada ignorancia- que surge de una “cultura televisiva” nos lleva a doctorizar con dudosa autoridad sobre asuntos que ni comprendemos.
 
       El Moscardón es tan sólo un ejemplo que nos recuerda cómo el Hombre de hoy, que se halla envanecido en sus incompletos -y a menudo falsos- conocimientos cae siempre en el ridículo cuando se las da de infalible.
 
       Actualmente, estamos cayendo en confundir cualquier cosa con “Ciencia” y tomando cualquier teoría o hipótesis como si fuese una Ley probada; pero en el caso del Moscardón, el asunto fue más grave: La Ciencia demostró un absurdo.
 
       Antiguos Libros del Hinduismo dicen, con gran acierto:
No existe mayor ignorancia que el conocimiento a medias.”
       Esto se puede verificar a diario, pues el que cree que sabe comete muchos más errores que el que reconoce su ignorancia; pero, en el caso concreto del Moscardón, se aplica en forma precisa la frase bíblica de:
El que mora en los Cielos se reirá. El Señor se burlará de ellos.” (Salmos 2:4)