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sábado, 16 de mayo de 2015

Definiciones Necesarias


   Dado que el Diccionario de la Real Academia define el Feminismo como
Doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres. Movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres.”,
     exigiríamos que el Machismo sea definido como
Doctrina social favorable al hombre, a quien concede capacidad y derechos reservados actualmente a las mujeres. Movimiento que exige para los hombres iguales derechos que para las mujeres (incluyendo un Ministerio Del Varón).”…
     y no como
Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres.
     que es lo que aparece actualmente y que, por simple correspondencia, demandaría que el Feminismo fuese definido como
Actitud de prepotencia de las mujeres respecto de los varones.
Adicionalmente, dado que el Sexismo es definido como
Discriminación de personas de un sexo por considerarlo inferior al otro.
     cabe acotar que el Feminismo sería aquél Sexismo que considera a todos los hombres egoístas, violentos e “incapaces de comprender”.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Varón-Hembra


Pasaje de la Ponencia 
El Sentido De La Filosofía
presentada por Ricardo A. Badani
el 3 de Agosto del 2000
en el VIII Congreso Nacional de Filosofía
realizado en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos


     Dentro de la Realidad Familiar, el Orden Universal se aplica como reflejo de la Esencia de lo Trascendente en la Unión Creadora del Hombre y la Mujer, donde los Hijos (de haberlos) son la Manifestación de sus Padres.

     Aquí es importante analizar no solamente la Relación Padres-Hijos —fácilmente asimilable con la de Creador-Criaturas— sino también la Relación Varón-Hembra…

     En este sentido, lo primero a hacer es comprender —y aceptar plenamente— la existencia de dos sexos claramente complementarios y diferenciados —tanto en lo fisiológico como en lo psicológico, y hasta en lo anímico y espiritual— como expresión primaria y esencial de la Naturaleza Humana (y del Orden Natural de lo Humano).

     Esta aceptación incluye comprender que esta diferenciación de Roles Naturales surge de la diferenciación misma —fácilmente demostrable en todos los campos— de Varón y Hembra. Cabe aquí aclarar que, si bien actualmente se insiste tanto en el punto de que los Roles Sexuales son “culturalmente aprendidos” (ignorando deliberadamente las muy claras diferencias naturales), nunca se menciona que —nos guste o no— todo Rol Social es siempre inculcado (aprendido) de una manera u otra, ya que el aprendizaje de los Roles es una parte esencial del desarrollo del niño.

     El hecho de que el hombre sea viril y protector permite a la mujer sentirse segura y poder desarrollar plenamente su Rol Natural, al poder dedicarse no sólo a la formación adecuada de la prole, sino también a generar —y mantener— un ambiente agradable y propicio al descanso en el hogar. Esto es extensivo a los hijos, al permitirles desarrollarse en un ambiente de seguridad y con posibilidades de crecimiento personal.

     Igualmente, el hecho de que la mujer sea femenina y delicada no sólo la dispone mejor para sus papeles de Compañera y Madre, sino como elemento decisivo para disminuir los roces entre los integrantes de la familia; además, estimula más al hombre a esforzarse por el bienestar de su familia, hallando en el hogar el descanso necesario para reponerse y volver a la lucha diaria.

     El equilibrio se obtiene así —en la relación natural— a través de la voluntaria entrega de la Pareja: La Mujer se entrega (directamente) al Hombre y el Hombre se entrega (a las vicisitudes de obtener el sustento diario) por la Mujer.

     Esta relación podemos simbolizarla en las imágenes del Paladín (por vocación propia) y la Esclava (que por sí misma elige serlo): El Heroísmo del Paladín lo lleva a estar dispuesto a dar hasta su propia vida por la Mujer que ama, mientras la Abnegación de la Esclava la lleva a entregarse plenamente al Hombre que ama.

     La Relación Padres-Hijos, por su parte, es —o debería ser— un reflejo de la relación entre el Logos y su Manifestación. Esto también puede asemejarse a la relación entre los Dioses (los Padres) que dictan el sentido y la dirección del Universo (en este caso, el Hogar), y sus Criaturas (los Hijos), sujetas a su voluntad, que les deben respeto y obediencia.

     Aquí habría que recordar que el concepto mismo de “respeto” exige un enfoque de subordinación, esto es, el reconocimiento de una cierta autoridad (moral o de otro tipo) por parte de la persona respetada. Este respeto bien comprendido es la esencia misma del amor filial del cual ya hemos hablado antes.

     Antes de dejar el tema de la Filosofía Familiar, quisiéramos enfatizar lo que suele muchas veces pasarse por alto hoy en día: Los niños no son —de ningún modo— “adultos pequeños” que deban ser tratados como tales, pudiendo demandar por sí mismos sus “derechos”… Los niños son niños y requieren de la protección y el tutelaje de los padres, quienes deberían ser los únicos en decidir la forma y orientación de su formación, ya que ellos son —o deberían ser— quienes asumen la plena responsabilidad por los mismos. Aquí también estaría el reflejo de lo natural.

jueves, 13 de febrero de 2014

Los Lonos: Cruce De Loros Con Monos


 
       Hace no tanto tiempo, se decía al hombre se le valora por su Palabra. Por desgracia, hoy por hoy, las palabras no parecen valer nada, debido a que se ha producido una epidemia de Lonos que hace dudar si aún quedan personas reales por allí...

       

Lono en plena euforia
(cualquier similitud con personajes políticos
no es mera coincidencia)

       Y los llamamos “Lonos” porque, si bien suelen decir las palabras adecuadas para el momento y saben también acompañarlas con los gestos correctos, lo que parecen expresar no tiene significado alguno, pues son tan sólo sonidos y movimientos que repiten para complacer a los espectadores. Así, tal como los loros y monos hacen sus gracias para obtener los favores de quienes se detienen a contemplarlos, los Lonos hacen de las suyas para obtener algún provecho en la actual sociedad, que no sabe ya distinguir la realidad del contacto humano en oposición al oropel de la vacua parodia que no lleva a ninguna parte.
 
       Esto ha surgido, en mucho, debido a que la persona “modernano suele querer asumir compromiso ni responsabilidad alguna, limitándose a hacer gestos agradables que apacigüen a su interlocutor, sin necesidad de llegar a acciones que determinen su posición real al respecto. En claro contraste con esto, la comunicación humana se basa —justa y precisamente— en el comprometerse con cada palabra expresada para que, así, nuestras frases cobren valor al verse respaldadas por las acciones que, posteriormente, las plasmarán en realidades concretas.
 
       Aclararé aun más la figura con un simple ejemplo: Si alguien nos dice que nos aprecia sobremanera y que estaría dispuesto a darlo todo por nuestra amistad y luego, si nos ocurre una desgracia, nos da la espalda y nos esquiva para que “no vayamos a pedirle algo”... ¿qué significado tuvieron sus palabras? De darse tales hechos, lo dicho por este falso amigo no sería más que aire caliente librado al viento sin trascendencia alguna.
 
       En esto me baso para decir que, si las palabras no tienen un significado real, no estamos realizando un acto de comunicación, sino un simple gesto social como el agitar la mano con un “¡Buenos días!”, lo cual no pasa de ser un formalismo que no connota ningún tipo de interés o involucramiento superior al estrictamente exigido para no ser rechazado por la sociedad.
 
       Y los Lonos proliferan cada vez más, especialmente en el campo de la Política, donde alcanzan un nivel que trasciende ampliamente lo descomunal, mientras los pocos seres humanos que quedamos nos hacemos canas verdes intentando discernir qué pedazo —si alguno— de todo lo que dicen podrá tener visos de contenido que nos permitan columbrar la persona que se oculta bajo verborrea tan inútil.
 
       Porque el Lono, en mucho, surge de un miedo cerval a mostrarse como la persona humana que realmente es, con sus defectos y limitaciones. Y claro, como esa caja para bobos que es la TV enseña a fingir como si lo único que contara fuesen las apariencias, la gran mayoría va memorizando los gestos precisos y las palabras más aparentes para mejorar la máscara de persona que usan... sin comprender que, con el cuento de la “autoimagen” están borrando todo lo que les da una auténtica identidad humana.
 
       Ya es tiempo de que nos dejemos de formas y busquemos el fondo y nos abramos a una verdadera comunicación. Pero no es fácil, pues en cuanto uno dispara el escopetazo de “...pero dime: ¿Qué es lo que realmente crees TÚ?”, el interlocutor promedio palidece, se encoge, se aturde mientras los oxidados engranajes de su triste remedo de cerebro crujen en desesperación y, casi de inmediato, al notar lo ineludible de la situación... ¡saca al Lono!

Artículo publicado en la Revista Gente
el 17 de diciembre de 2009

viernes, 7 de febrero de 2014

Rescatando el Matrimonio



     Obviamente, nadie quiere fracasar en el amor; y por ello, debemos empezar por entender que una pareja se compone de dos personas –esto es, una mujer y un hombre– que son como dos pueblos distintos. Para aclarar el punto, utilizaremos un sencillo ejemplo:

     Supongamos que el pueblo de Fémina quiere que exista un puente de comunicación con el pueblo de Andros, o viceversa.

     En este caso, sabemos que Fémina tiene interés, pero de Andros no sabemos aún nada.

     Existen, por lo tanto, tres posibilidades en una situación como la que aquí planteamos:

      Que Fémina le pida a Andros que construya todo el puente, lo cual podría ocurrir... o simplemente no ocurrir jamás.

      Que Fémina proponga que se construya el puente mitad y mitad, lo cual podría suceder... o quizás la gente de Fémina, se quede varada a la mitad esperando que los de Andros construyan su parte.

      Que Fémina construya todo el puente independientemente de lo que haga Andros, lo cual asegura que exista, al menos, un puente entre los dos pueblos y, con un poco de esfuerzo, existirán dos.

     Vemos así que la única forma que tiene Fémina de lograr asegurar la existencia del puente que desea... es asumir ella toda la responsabilidad. Si entonces Andros demuestra interés, las cosas se facilitarán enormemente; pero, aún si no lo hace, Fémina obtendrá –de todos modos– el puente deseado.

     Así como en los imaginarios pueblos de Fémina y Andros, el éxito en la relación de pareja, depende de que al menos uno de los dos tenga real interés y esté dispuesto a hacer el esfuerzo completo por salvar la Relación.

     El primer paso para mejorar una relación de pareja, es comenzar por reconocer que únicamente podrás alcanzar tu objetivo asumiendo tú todo el esfuerzo, independientemente de si el otro lo hace o no, sólo así podrás alcanzar el éxito y obtener los frutos que –te aseguro– no tardarás en gozar; pues no hablamos aquí de luchar por luchar, sino de hacer un esfuerzo –por grande que éste sea– a fin de poder obtener la relación satisfactoria y perdurable que deseas.

     Tal vez, a estas alturas, ya estarás pensando "¡Eso es injusto! ¿Por qué debo hacerlo yo todo y no solamente mi parte?".

     No puedes contar con que tu pareja haga todo el esfuerzo, ni siquiera puedes saber si recorrerá la mitad del camino; por lo tanto, mejor asegúrate de que –de cualquier manera– lograrás alcanzar tu objetivo y, tal como afirma el conocido dicho, "Si la montaña no viene a Mahoma... ¡Mahoma deberá ir a la montaña!".

     Aquí no hablamos de un estoico sacrificio, sino de invertir amor para obtener una relación de amor satisfactoria y perdurable.

     Es tiempo ya que dejemos la absurda idea de que una relación de pareja no es más que un contrato, en el cual cada uno de los socios vela por sus propios intereses, y asume tan sólo "lo que le toca"... siempre y cuando el otro también haga "su parte", porque "eso es lo justo".

     Dejémonos, por tanto, de considerarnos las "víctimas de las circunstancias" con preguntas tan absurdas –por no decir idiotas– como: "¿Por qué me pasa todo esto a mí?", y empecemos a preguntarnos: "¿Qué errores estoy cometiendo yo, para que me esté sucediendo esto?".


     El primer paso es empezar por entender que hombres y mujeres somos distintos, pensamos distinto y sentimos distinto.

     Hablemos claro:  Los matrimonios mueren, generalmente, en la cama , pues es allí donde hay –o debería haber– un tipo de entrega y comunicación que está más allá de las palabras. Quizá lo entendamos mejor si usamos el término Bíblico para las relaciones sexuales, el cual, peculiarmente es "Conocer".

     En efecto, podemos fácilmente comprobar que es, en las relaciones sexuales, donde –tarde o temprano– ambos se muestran tal y como son y, por tanto, donde puede producirse un mayor nivel de integración... o de separación.

     Estamos de acuerdo en que el sexo es natural e inherente en el ser humano, pero ser expertos en el arte de amar con el cuerpo y tener relaciones plenamente satisfactorias requiere de un aprendizaje muy concreto para desarrollar tanto la resistencia física, como la parte técnica, tal como un pianista requiere prepararse con ejercicios de dedos y técnica antes de poder interpretar correctamente una pieza, expresando el adecuado sentimiento.


miércoles, 15 de enero de 2014

La Fotografía como Arte




     Es doloroso notar cómo la Fotografía no suele verse como Arte.

     El criterio griego definía sólo seis Artes canónicas: Arquitectura, Escultura, Pintura, Música (que incluía el Teatro), Declamación (que abarcaba la Poesía y la Literatura en general) y Danza.

     En 1746, Charles Batteaux acuña el término de “Bellas Artes” en su obra “Les Beaux-Arts réduits à un même principe”, donde se enuncia que la característica común a todas las Bellas Artes es que “son miméticas”, esto es, que “imitan la realidad”.

     Por su parte, la Real Academia Española las registra en su Diccionario —bajo el acápite de “arte”— como las “Artes Bellas”, indicando que son “las que tienen por objeto expresar la belleza”.

     En 1911 Ricciotto Canudo —el primer teórico del cine— fue el pionero en insistir que, a pesar de estar relacionado con la pintura, música y teatro, el Cine debía ser considerado como un Arte por sí mismo y ésta es la razón por la que es llamado el Séptimo Arte.

     Ya desde esas fechas se pidió que la Fotografía fuese reconocida como el Octavo Arte pero, por desgracia, no tuvieron tanto éxito... a pesar de que muchos de nosotros la consideramos como Arte por derecho propio (sin importar si se le numera o reconoce).

     Pero el principal problema para el reconocimiento de las fotos como obras artísticas es la mercantilista actitud que prevalece en el mundo actual, debido a la cual las Obras de Arte se valoran en base a su cotización pecuniaria y ésta depende, en mucho, de lo “único” que sea el objeto; en este sentido, los Museos encierran las “cosas valiosas” y sólo permite verlas en horarios limitados (generalmente, en base a un pago previo).

     Por esto, la Fotografía no suele alcanzar un sitial en los Museos, ya que el negativo (o, ahora, el original digital) permite generar infinitas reproducciones y, por tanto, no produce “objetos únicos” que puedan ser acaparados.

     Es tiempo que reconozcamos que el Arte implica la transformación de lo particular en universal (y no lo contrario) y valoremos a la Fotografía como un Arte al alcance de todos que nos enseña a ver el mundo desde nuevas perspectivas...

Diciembre 2008


jueves, 9 de enero de 2014

Diferencias físicas entre Hombre y Mujer




     Diariamente escuchamos la absurda cantinela de que hombres y mujeres somos iguales... Esto, definitivamente, ¡no es así! Lo que tenemos en común hombres y mujeres es, básicamente, ser miembros de la raza humana; por lo demás, no somos iguales, ¡somos complementarios!

     Viendo el cuerpo de la mujer y del hombre, las diferencias son abismales, desde los huesos que en el hombre son más porosos, más gruesos, más resistentes; en la piel, el PH es distinto, la textura misma, por lo tanto, es distinta; los vasos linfáticos y sanguíneos son de mayor calibre en la mujer; el sistema nervioso posee más polisensores (que registran sensaciones y placer) en la mujer, y muchos más nociperceptores (que registran dolor) en el hombre; el sistema inmunológico de la mujer es mucho más fuerte que el del hombre, con lo cual tiene mayor resistencia y hasta inmunidad a determinadas enfermedades; el aparato sensorial de la mujer es mucho más fino, más agudo que el del hombre con lo cual una mujer puede sentir más, discernir más colores, más sonidos, más olores... y así podríamos continuar, sistema por sistema, función por función, parte por parte del cuerpo. Hay una diferencia radical entre hombre y mujer.

     En el mismo cerebro hay una diferencia muy marcada, y aquí está uno de los puntos más críticos.



     Visualicemos las dos mitades del cerebro como si fueran dos secciones de una gran empresa e imaginemos que el lado izquierdo es el departamento que recibe la información y, el derecho es el que la retransmite. Léase, por el lado izquierdo recibimos los datos sensoriales y por el derecho nos expresamos.

     Para que estos departamentos se comuniquen necesitamos líneas de teléfono, es decir, los teléfonos internos de la oficina. En el caso de la mujer, hay entre cuatro y ocho veces más líneas de comunicación (el cuerpo calloso) que en el hombre, es decir, que por el sólo hecho de ser mujer, su cerebro transmite sus sentimientos y los verbaliza en forma mucho más rápida. Pero la oficina también necesita un centro de control (la cresta del hipotálamo), que en el cerebro del hombre es entre doce y dieciséis veces mayor que el de la mujer, con lo cual el hombre tiene un mayor control y tiene una mayor abstracción.

     Estas diferencias son notorias y las podemos ver fácilmente en los niños pequeños cuando recién entran al colegio, ya que muestran una clara desemejanza por sexo...

     Las niñas, aprenden inmediatamente todo lo que es letras –hablar y escribir–, a una velocidad muy superior que el niño; mientras tanto, el varón, en el campo de las matemáticas, geometría y sobre todo, lo que implique abstracción, saca una ventaja bárbara sobre el sexo femenino. Esto también tiene que ver, según se ha demostrado, con la fisiología del cerebro.

     Lo más terrible de esta situación es que, a pesar de que las diferencias son innegables, marcadas y visibles, se haya llegado a tal punto de ceguera ¡que se las niega rotundamente!

     Con solamente ver a un hombre y a una mujer, la diferencia es evidente; sin embargo, hoy en día, nos esforzamos en cerrar los ojos y decir: «¡No! ¡Somos iguales! ¡Una mujer puede hacer lo mismo que un hombre!» y se suele añadir: «¡Y la mujer puede hacerlo mucho mejor!» (Con lo que se invalida, de hecho, la misma igualdad que se aparenta pretender).

     No niego que una mujer sea capaz de realizar una serie de funciones que tradicionalmente hacía sólo el hombre, y que, a su vez, el hombre puede realizar funciones tradicionalmente femeninas; pero lo importante, es no caer en una competencia sin sentido que destroza a nuestra sociedad con una lucha absurda, en la cual parecería que estuviéramos en la ridículamente inmadura actitud de «¡te pruebo que yo puedo más que tú!», en vez de trabajar juntos y hacerlo cada vez mejor.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Poesía Navidades

 
Navidades... ¿Paz y amor...?
¡Fiesta de la Hipocresía
que con descaro celebran
cristianos de pacotilla
que con una mano agreden
y con la otra se felicitan,
mientras hablan de virtudes
que ellos jamás practican!

Así estos Fariseos,
siempre ávidos de rapiña,
en tono inquisitorial
condenan y aun critican
la paja en el ojo ajeno
mientras ellos tienen vigas.
¡La tal “caridad cristiana
es por su ausencia que brilla!

Viven de supersticiones
que no entienden, pero aplican:
Su pino, que es de los Celtas,
fertilidad significa,
su intercambio de regalos
proviene del Culto de Mitra
y sus lindos nacimientos
son ídolos de pacotilla.

Ignoran hasta la fecha
de su venida divina,
pues fallaron por siete años
y no atinaron ni al día,
ya que en el frío Diciembre
las ovejas morirían
de trasnochar los pastores
en las tierras palestinas.

Declaman sobre el pesebre
y la humildad que éste implica,
pero hacen derroche de lujos
y a los pobres ni los miran,
pues prefieren Reyes Magos
a pastores de provincia
que no traen regalos de oro,
sino su amor y comida.

Ahora, pasado el tiempo,
hasta los pobres imitan
el ejemplo de los malos
porque triunfan en la vida
y pasan la Navidades
con alegrías fingidas
cumpliendo con los rituales
del panetón y la misa.

Después... vendrán nuevas fiestas
por el año que termina
y habrán de iniciar el nuevo
con sus prendas amarillas
para propiciar al Oro,
viejo Dios de la Codicia,
que es el Señor al que sirven
y el único que los motiva.

Encima de esto, ¡no creen
que les toque esta coplilla!
“No es conmigo... Habla de otros...
Esto a mí no se me aplica...
¡Yo sí soy un buen cristiano!
¡Dios me ama e ilumina!”
Ser cristiano... ¡burda farsa
que ya nada significa!

Si Jesús volviese ahora...
¡seguro lo crucifican!
pero esta vez, ante todo,
los derechos venderían
a la empresa que más pague
por explotar la primicia
de la muerte en el Calvario
en transmisión exclusiva.

 
Del Libro “En Aspas De Molino”, Diciembre de 2000

 

lunes, 16 de diciembre de 2013

Oración Del Guerrero

 


Dios mío...
Dame Valor
para conservar mis Sueños
y Fortaleza
para seguir hasta realizarlos.
Y, si esto es locura…
Permite, Señor,
que sirva a tus propósitos
y no envidiaré a nadie
que se considere cuerdo.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Al respecto del Matrimonio


       Legalmente, el Matrimonio suele ser definido como "un contrato solemne por el cual un hombre y una mujer se unen voluntariamente con el fin de convivir juntos, de procrear, y de auxiliarse mutuamente" .

       Sin embargo, se puede enfatizar el punto de que no existe ninguna alternativa posible a esta forma de contrato, y esto no respetaría la Libertad Individual, y las de Conciencia y de Culto que consagra la Constitución, ya que uno se ve forzado a casarse únicamente en los términos que el Estado defina… o simplemente no casarse.
 
       Aún más claro: Se impone por mandato legal el hecho de tener que aceptar ciertos términos y condiciones predefinidas, ya sea que se ajusten o no a las creencias y preferencias personales de quienes desean asumir el Compromiso Matrimonial.
 
        Más grave aún: Una vez que la pareja ha asumido un régimen y todas las cláusulas que implica… el Estado —que no forma parte del contrato (…pues nadie se casa con el Estado!)— puede meter su cuchara… y cambiar los términos en forma totalmente arbitraria y unilateral, sin importar la opinión de los esposos.
 
       Este punto es realmente crítico y deberíamos ver todo el alcance que tiene: Imagínese que usted firma un Contrato de Compra por el cual va a adquirir un automóvil sedán equipado, pagándolo en cuotas fijas por los próximos 24 meses… y, de pronto, al Estado se le ocurre cambiar la figura y —sin que usted pueda quejarse ni hacer absolutamente nada al respecto— queda, de pronto, obligado a pagar cuotas mucho mayores, no por 24 meses sino de por vida y le dan… una Citroneta destartalada. ¿No se sentiría Ud. miserablemente estafado…?

      Pues hace tiempo que está ocurriendo lo mismo con el Matrimonio… y usted (en especial si es hombre) resulta sujeto a una serie de condiciones que jamás aceptó al firmar el Acta Matrimonial. Y lo peor del caso es que no puede evitarlo.

       El hecho es que el Matrimonio no se debe —o no se debería— asumir en una única forma específica y obligatoria —la cual se impone por Ley en modo tácito pero coercitivo— ni, mucho menos, ser torcido después de haber sido asumido… y sin previo aviso ni consentimiento de los cónyuges.

       No. Esto va en contra de todo Derecho Humano. El Matrimonio sólo debería asumirse del modo que los mismos contrayentes elijan libremente y por sí mismos.
 
¿Existe alguna solución —que sea viable—
a esta encrucijada legal en que nos encontramos…?
 
       La hay. En la República Arabe de Egipto —por poner un ejemplo— se ha hallado una solución al espinoso problema del Matrimonio: Los contrayentes eligen por sí mismos el régimen al cual se sujetan, sea Laico, Judío, Cristiano, Musulmán o cualquier otro (a condición de que quede muy claramente definido). Así, de surgir un problema, éste será resuelto —estrictamente— bajo las normas que lo rigen. Esto se aplica por tanto al hombre como a la(s) mujer(es), así como a los hijos que ellos llegasen a tener.
 
       En otras palabras (y volviendo al tema del divorcio): Si una pareja se ha casado sujetándose al régimen Judío o Mahometano, el matrimonio puede disolverse según lo indican el Tanah (Biblia judía) o el Corán; si el régimen elegido fue, en cambio, el Cristiano, no habrá forma de divorcio posible excepto en caso de adulterio probado de la mujer (tal y como se especifica en la Biblia), y, si se tomó el régimen Laico, se concederá (o no) el divorcio en base a los términos especificados por la Ley Egipcia. En caso de que los contrayentes hayan elegido algún otro Sistema de Matrimonio, ellos deberán presentar —ante el Estado— los parámetros y cláusulas que lo definen y regulan, con lo que —de requerirse— simplemente se aplicarán las cláusulas correspondientes que ambos definieron y aceptaron desde un inicio.
 
       Este sistema se aplica actualmente en casi todos los países árabes… y funciona.
 
       Alguien preguntará: ¿Y qué pasaría con los "matrimonios mixtos" en que los contrayentes pertenecen a Religiones diferentes? Ante la Ley… no habría tal concepto, ya que para casarse, ambos tienen que coincidir en aceptar —totalmente— un Sistema u otro. Claro que los contrayentes siempre tendrían la opción de crear un Sistema Híbrido, combinando las pautas de sus respectivas Religiones y agregando —o quitando— aquello en que no estén de acuerdo.
 
¿Y los Matrimonios realizados antes de que se aplicase este Sistema,
o efectuados en el extranjero?
 
       Pues bien, a todos estos matrimonios se les podría otorgar un plazo de Ley —de, digamos, seis meses o un año— para que decidan a qué régimen acogerse e informen al Estado de su decisión. En caso de no hacerlo, se les debería considerar, en forma automática, como casados bajo el Régimen Laico que defina como pauta básica el Estado en cuestión.
 
       Actualmente hay también otras soluciones, como el Contrato de Cohabitación —que se aplica ya en varios países de Europa —y que viene a ser algo similar, si bien dejando de lado el aspecto religioso (que puede incluirse en los términos) y quedando definido como un simple Contrato Civil.
 
       Lo importante en todo esto es el pleno respeto a la voluntad de los contrayentes (sean dos o sean más), como adultos en pleno ejercicio de sus Derechos de Libertad Individual, Sexual y Religiosa (los cuales deberían poder ser ejercidos plenamente sin intromisión ni interferencia). Y no sólo respeto a la voluntad de unirse, sino a su vida familiar y privada.
 
       En realidad, no es nada difícil… excepto por la eterna mala voluntad de incordiar, metiéndose en vida ajena, que se ha vuelto (casi) el deporte mundial.
 
¿Por qué no podemos respetar (de verdad) a nuestro prójimo
y dejar que cada cual elija su forma de vida
según se la dicte su propia conciencia…?

 

miércoles, 27 de noviembre de 2013

¿Qué es realmente la Pornografía?



Se suele definir la pornografía como la descripción obscena en obra, palabra, imagen o sonido y, se define la obscenidad, como lo que hace referencia al sexo de un modo malicioso o grosero; esto implicaría que hemos de llamar pornográfico a todo material –escrito, gráfico, audible, físico o de multimedia– que describa la sexualidad “con un carácter malicioso o grosero”. Esto, de por sí, ya es bastante discutible (como veremos más adelante), pero comencemos por analizarlo, recordando bien los términos que hemos utilizado: Primero, la pornografía es una descripción y, segundo, la pornografía es “obscena”.

Ante todo: la descripción de una cosa, no es la cosa misma; por lo tanto, el sexo y los hechos de la sexualidad no son pornografía, aunque pueda serlo su descripción; desgraciadamente, muchas personas incultas o prejuiciadas tienden a confundir sexualidad con pornografía.

Además, la descripción de actos sexuales o cosas tocantes a la sexualidad, si no es obscena, maliciosa o grosera, no es pornografía. Y es aquí donde suelen diferir las opiniones, porque la apreciación de si hay obscenidad es totalmente subjetiva ya que no existe un criterio único de lo grosero y lo malicioso, dado que estas cualidades no son algo absoluto, sino que provienen de una interpretación personal y de un (supuesto) consenso social, o sea, de que haya un número suficiente de personas –y algunas de ellas lo bastante calificadas– que coincidan en tal interpretación.

Lo dicho hasta aquí ya plantea la interesante cuestión de los casos límite...

Supongamos que se nos presenta una obra como El Satiricón de Petronio, El Decamerón de Boccaccio, Sor Monika de Hoffmann, Fanny Hill de Cleland, o Lolita de Nabokov (por citar únicamente obras literarias) y supongamos que hay división de opiniones con respecto a si el libro puede considerarse o no pornográfico… ¿Quién será lo bastante calificado para zanjar la cuestión? Si los que están a favor presentan un experto, los que están en contra presentarán otro con más títulos y así sucesivamente. En la práctica, el conflicto será decidido por quienes tengan la sartén por el mango, es decir, por quienes ostenten el Poder Público, esto es, por el Estado. En efecto, ocurre a menudo que el Poder Público, considerándose como el “intérprete social autorizado”, decide arbitrariamente lo que es pornografía y lo que no lo es. Y el Poder Público justifica su actuación aduciendo razones muy válidas y serias, como son la protección de menores y de la moral social en general, frente a los efectos negativos de una representación maliciosa y grosera de los hechos sexuales.

Dejando aparte los casos dudosos y difíciles, en los que intervienen además problemas tan delicados como el de la libertad de expresión del artista, todo el mundo convendrá en que es correcto y adecuado que el Poder Público se reserve un margen de actuación frente a posibles obras pornográficas; pero ocurre a menudo que el Poder Público no refleja fielmente el consenso social, sino que aparece mediatizado por otros intereses, generalmente políticos o económicos. Esto se produce tanto a favor, como en contra de lo que se supone como pornografía, según el Gobierno de turno y sus intereses.

Pero, la realidad del término es que “Pornografía” es una palabra de origen griego que inicialmente significaba “Escritos de las Prostitutas”, refiriéndose a los gráficos y escritos (“graphein”) que las prostitutas (“porne”) mostraban a sus clientes, no sólo para excitarlos, sino para instruirlos, en especial en el caso de jóvenes que recién llegaban a la pubertad y se iniciaban en el contacto sexual. Para ponerlo más claro: Pornografía, inicialmente, no era otra cosa que los Manuales Sexuales de los Griegos, pudiendo, por tanto, extenderse el término al KamaSutra hindú, El Jardín Perfumado árabe... y los escritos de sexólogos actuales como Masters y Johnson, Kinsey, Hooper y demás. Lo que ocurre es que los Moralistas convirtieron esta palabra –así como tantas otras– en un despectivo para condenar lo sexual... lo cual, aparte de semánticamente incorrecto, es neurótico y hasta inmoral.

En realidad, la idea de los enfermos Moralistas es disponer de un término para lanzar a quienes se atreven a mostrar lo sexual abiertamente, pues la calificación de “Pornógrafo” implica una automática condena social (que puede llegar hasta la persecución legal).


domingo, 20 de octubre de 2013

Obscenidad

     
La definición de obscenidad  difiere entre las diversas culturas; entre las distintas comunidades dentro de la misma cultura; e incluso, entre los individuos de esas mismas comunidades.



Entonces... ¿Qué es, en concreto, lo que llamamos Obsceno?

     Se define la obscenidad como lo que hace referencia al sexo de un modo malicioso o grosero. Esta definición de obscenidad corresponde a una transformación de su uso, ya que la palabra procede del latín y significaba, originariamente, "lo que está fuera de escena" (es decir, fuera de lugar), o sea, lo socialmente incorrecto.
 
     Sin embargo, la definición tiene el mérito de enseñarnos que no es obsceno el referirse al sexo, ya sea de palabra, por escrito o en imagen, sino el hacerlo de una manera maliciosa o grosera.
 
     Bien es cierto que la malicia y la grosería siempre deberían considerarse como incorrecciones sociales, pero mucha gente toma el rábano por las hojas y tiende a confundir la obscenidad con la simple mención de la sexualidad o, ya en el colmo de la confusión mental, con la sexualidad misma.
Las diversas culturas han producido leyes que definen lo que es considerado obsceno para ellas. La censura se usa, a menudo, para intentar suprimir o controlar los materiales que resultan "obscenos" según esas definiciones.

     Los usos sociales no sólo varían según las épocas, sino –incluso– según el grupo social y cultural que se considere.

     Por esto, es sumamente importante tomar siempre en cuenta que la apreciación del grado de malicia o grosería es algo sumamente variable, que depende de múltiples factores.

     Por consiguiente, la obscenidad no es una cualidad propia de las cosas, sino un juicio muy subjetivo de quienes las ven, oyen y juzgan.

     De todos modos, salta a la vista que dicho juicio no es una opinión como las demás, como la que pueda emitirse –por ejemplo– acerca de las cualidades de un vino. Cuando se juzga obscena una cosa, tal apreciación suele ir acompañada de una fuerte reacción emocional, llamada indignación.

     Tal indignación puede presentar síntomas como congestión de las facciones, voz ronca, respiración dificultosa entorpeciendo la pronunciación y puños fuertemente apretados.

     Esta reacción a veces culmina en un acto de agresión contra la cosa obscena o la persona que haya cometido una obscenidad.
 

Debido a que el concepto de obscenidad está a menudo mal definido, puede ser usado como herramienta política para restringir la libertad de expresión. Así, la definición de obscenidad puede ser un tema que afecte a los derechos fundamentales de la persona.


     Por otra parte, es bien sabido que hay personas particularmente sensibles (o traumadas), que descubren obscenidad en objetos, libros, imágenes y comportamientos que para otros no presentan nada de particular.

     La reacción agresiva frente a un estímulo de tipo sexual, nos revela –concretamente– que las personas que actúan así sufren de un complejo sadomasoquista, que satisfacen atacando con furia aquellos estímulos sexuales a los que en realidad temen.

     No sólo sufren, sino que, además, buscan (y siempre encuentran) continuas oportunidades para seguir "sufriendo" la intolerable ofensa que –según ellos– les representa la obscenidad y, en lugar de encontrar la descarga nerviosa en un orgasmo, la buscan en un acto violento.

     Esta analogía es particularmente clara en el caso de los "indignados" que arrojan tinta sobre el objeto obsceno, o rasgan en dos la publicación obscena, o le prenden fuego; en todos esos actos podemos contemplar otros tantos sustitutivos simbólicos del coito con violencia.


viernes, 11 de octubre de 2013

La Guerra De Los Sexos • 2ª Parte

Los hombres y mujeres de hoy en día se hallan pagando las duras consecuencias de una guerra generalizada que se inició hace ya más de 200 años... y aún dura. Ella es la principal destructora de hogares y la causante de la infelicidad de millones de seres humanos y el germen de esa tan generalizada sensación de angustia, incomodidad y tensión que a inicios de siglo se conocía como «el vacío vivencial» y actualmente se ha dado en llamar «stress».
Aquí culmina este Artículo sobre esta guerra invisible, pero desoladora.


por Marie N. Robinson, M.D., Ph.D. (1958)

 

Continúa...
 

       Hasta donde el Movimiento Feminista se lanzó en contra de los hombres y, al mismo tiempo, llevó a la mujer a masculinizarse y despojarse de su naturaleza femenina. El Feminismo, desde su inicio, fue (y aún sigue siendo) profundamente neurótico... y venimos cosechando -desde entonces- las terribles consecuencias de la tempestad que desató.
 
       La ira de las feministas estaba en la realidad dirigida contra sí mismas (aunque ellas, muchas veces, no se dieran cuenta de esto)...
 
       Sabemos por ejemplo, que, para dar a luz niños, una mujer debe tener una cierta seguridad, la protección del hombre y un lugar donde permanecer y el matrimonio ha sido la respuesta de la sociedad a esta necesidad femenina desde tiempos inmemoriales. Pero las feministas se colocaron en contra del matrimonio formal: La mujer -sostenían- tenía el derecho, tal como los hombres, de ser promiscua sexualmente y vivir con quien le diera la gana, por el tiempo que ella quisiera. Si quería casarse, debería poder hacerlo, pero también debería tener el privilegio de dar por terminado el matrimonio cuando lo deseara o al cansarse del hombre.
 
       Sabemos, también, que el amor maternal por los niños, particularmente por sus propios hijos, es una de las principales características de la condición de mujer, siendo tan típica de ella como su anatomía femenina y que solamente las mujeres más enfermas mentalmente desertarán o rechazarán a sus hijos. La maternidad está tan profundamente arraigada en el sexo femenino que puede observarse hasta en los animales.
 
       Las feministas en cambio decían que la maternidad era una trampa, un conjunto de falsos valores vendido a la mujer por los hombres a fin de mantenerlas esclavizadas. No se debería permitir que los niños interfirieran de ninguna forma con la nueva "libertad" de la mujer. Las feministas recomendaban, por tanto, poner a los niños en manos de cuidadores "debidamente entrenados". Entonces, surgieron las Guarderías Públicas, los Grupos Pre-kindergarten y todo lo que pudiera dar "libertad" a la madre. Liberar a la madre de sus hijos... ¿para qué? Para trabajar en las oficinas y fábricas como los hombres, por supuesto. Para sustituir a sus maridos por jefes y compartir el "privilegio" de ser contratadas o despedidas. Concretando: Para ser hombres.
 
       Si el espacio me lo permitiera, continuaría... Muy pocas de las primeras feministas de hecho lograron vivir de la manera que tanto prescribían; pero está tan claro como el cristal, que ardientemente lo desearon. En realidad no hubieron tantas feministas en número, pero las que habían, hacían propaganda incesante y al final sus ideales y creencias se convirtieron en los ideales y creencias de millones de mujeres.
 
       Aquí, lo más importante a recordar es que el Credo Feminista desacredita -detallada y conscientemente- las auténticas necesidades y características de la mujer, sustituyendo incluso las metas femeninas por metas masculinas. 
 
       Pero el Movimiento Feminista no era el único frente entre los hombres y las mujeres, era tan sólo el más chillón y el más militante. Sin ser notada, oculta, desconocida aún a las mismas mujeres, la guerra contra la sexualidad femenina, contra el florecer de la verdadera femineidad estaba siendo desarrollada en cada hogar en la tierra. La casta y dignificada heroína de este frente oculto era la mujer puritana, de modales refinados y muy cuidadosa al hablar. Echémosle ahora una rápida mirada...
 
       Su reacción a la pérdida de posición en el altamente creativo hogar familiar, que había precedido a la Revolución Industrial, fue tan violenta como la de las feministas, pero totalmente inconsciente. Se sentía rechazada, se le había quitado su lugar y se habían devaluado sus funciones sexuales y maternales. Ella entonces desarrolló una perfecta técnica para manejar la situación: Simplemente negó la existencia de la sexualidad femenina. El sexo, de acuerdo con ella, era -exclusivamente- una característica masculina; la mujer no lo tenía en su naturaleza. A pesar de que ésta era una forma de venganza psicológica contra el hombre que la había rechazado, ella tuvo un éxito sorprendente en convencer a los hombres en general (incluso a los científicos de su época), que la frigidez era un atributo básico de la mujer. La mujer puritana era, por supuesto, inconsciente de sus propios motivos al afirmar que ella era biológicamente frígida. Ella misma se lo creía enteramente y hay mucha evidencia para indicar que la mujer individual habría sufrido un profundo shock si se hubiera dado cuenta de que no era tan poco responsiva como se le había enseñado que era o como quería ser. Por tanto ella mantenía tales reacciones como un oscuro secreto.
 
       La frigidez como un Artículo de Fe puritano se expresa en la convicción de que la mujer "no debe ser valorada por su sexo" y su influencia aún está muy con nosotros en nuestras actitudes conscientes e inconscientes.
 
       Esta es por tanto la herencia de la mujer de hoy: Por un lado, de la mujer victoriana, una profunda creencia de que ella es, o debería ser no-sexual, frígida por ley natural. Por otro lado, de las feministas, que el hombre es el enemigo natural de la mujer y que ella, por tanto, debería descartar del todo su femineidad, oponerse al hombre, suplantarlo y convertirse en hombre.
 
       Por favor, deténgase ahora un momento a pensar el efecto de estas actitudes sobre el hogar: La hostilidad de la mujer contra su marido y toda la miseria que este odio implica, es un hecho; pero el efecto sobre los niños es lo decisivo...
 
       Las actitudes inculcadas en muchas mujeres modernas desde su niñez, harían que a uno se le pongan los pelos de punta... Avergonzarse de su propio cuerpo y sexo. Tener vergüenza de la menstruación y disgusto con ella; odiarla, incluso, porque es el umbral del despertar sexual. Temer el embarazo y la niñez. Todo esto acompañado de regaños y castigos por tempranos (y naturales) sentimientos (y experimentos) sexuales. Se busca sistemáticamente la depreciación (hasta la destrucción) de la imagen del padre como un ideal para que la niña lo pueda amar o emular. En general, las mujeres de hoy aprenden muy tempranamente -y demasiado bien- a depreciar y despreciar su propia femineidad en todas sus manifestaciones importantes.
 
       La Dra. Marynia Farnham escribe: "La expresión más precisa de la infelicidad es la neurosis. La base para la mayor parte de esta infelicidad yace en el hogar infantil. Y el principal instrumento de la creación de esta infelicidad... son las mujeres."

    Tanto la mujer puritana como la feminista estaban -consciente o inconscientemente- en contra de la sexualidad femenina por considerarla una "debilidad". No es posible que la mujer sea masculina sexualmente, por tanto, respaldar el que ella debe ser exactamente igual al hombre, es igual (o peor) que anular su sexualidad.
 
       Por supuesto el feminismo como una actitud consciente hacia la sexualidad, pareció triunfar finalmente sobre el puritanismo. Sin embargo, en la actualidad, vemos el puritano canto de "no ser un «objeto sexual» sino ser valorada como persona" repetido hasta la saciedad no sólo por  las feministas, sino hasta por la mujer común.
 
       La "flapper" (descocada) de 1920 presentó la no-intencional flor de la filosofía feminista de la vida, su definición de lo que constituía la femineidad. En realidad, era una caricatura de mujer, una imitación barata y vulgar del sexo opuesto, un hombre de segunda clase. Felizmente, ella no sobrevivió como un ideal consciente, pero -por desgracia- la errada filosofía que la creó, sí sobrevivió... y aún nos daña.
 
       La depreciación de la femineidad y de sus metas -biológicas y psicológicas- se convirtió en parte integral de la educación de millones de niñas en todo el mundo. El cuidado de la casa, el tener niños y criarlos, fueron sistemáticamente despreciados. Una vida de logros masculinos suplantó la vida natural de los logros femeninos.
 
       El antagonismo feminista y puritano contra los hombres también sobrevivió... Ha pasado de madre a hija de generación en generación por tantos años que, para millones de mujeres, la hostilidad contra el sexo opuesto parece (casi) una "ley natural". Si bien algunas mujeres modernas pueden, de labios para afuera, alabar el ideal de un apasionado y productivo matrimonio con un hombre, en el fondo -en mayor o menor grado- resienten su rol y conciben al hombre como fundamentalmente hostil a ellas y como un explotador. Ellas, en lo profundo de su corazón (y muchas veces sin ni siquiera darse cuenta del hecho), desean suplantarlo e intercambiar roles con él. Y es que aprendieron esta actitud en las rodillas de su madre. Lo poco que ellas puedan aprender en contra de esto, se ve muy pronto anulado por la gran efectividad de la constante (y casi universal) repetición de estos destructivos planteos en el medio.
 
       Claramente, por tanto, si ésta es la dirección histórica que las mujeres han tomado, la mujer individual que desea convertirse en una mujer auténtica, debe cambiar esta dirección. Esto sólo lo puede hacer deteniéndose a pensar... y a pensar muy largamente. Porque entre las mujeres que la rodean no encontrará mucho (ni poco) apoyo para su deseo de volverse femenina.
 
       Por más de doscientos años, las mujeres han echado la culpa de sus problemas al mundo exterior. Han usado las dificultades -muy reales- creadas por los cambios sociales revolucionarios, para evitar la tarea de mirar dentro de sí mismas para hallar el auténtico problema y la única autentica solución. Se han concedido una orgía de autocompasión al dedicarse a señalar con el dedo a los hombres.
 
       Si los resultados hubieran sido distintos, si esta actitud les hubiera traído felicidad y un sentido de completamiento, si el feminismo y el victorianismo las hubieran hecho buenas madres y esposas felices o -incluso- las hubiera satisfecho con su nuevo lugar en la industria... tal vez todo este juego habría valido la pena. Pero, definitivamente, no lo ha valido. Este juego solamente ha traído frigidez, angustia, dolor y una tasa de divorcios que se ha disparado, así como neurosis, homosexualidad, delincuencia juvenil... La experiencia demuestra que los resultados que se obtienen cuando la mujer abandona su auténtica función de mujer... son siempre trágicos y desastrosos.
 
       El ver la propia responsabilidad en una situación es a menudo difícil, sin embargo en este problema de la frigidez, el no asumir la propia culpa es aún más difícil... por sus resultados. Significa -y ha significado ya para millones de mujeres- el cometer suicidio sexual al abrazar el aislacionismo emocional como si ésta fuera la condición adecuada para la mujer.
 
       El cambio depende del esfuerzo de cada una para reconocer tanto sus errores como su auténtico papel... de mujer.