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miércoles, 27 de noviembre de 2013

¿Qué es realmente la Pornografía?



Se suele definir la pornografía como la descripción obscena en obra, palabra, imagen o sonido y, se define la obscenidad, como lo que hace referencia al sexo de un modo malicioso o grosero; esto implicaría que hemos de llamar pornográfico a todo material –escrito, gráfico, audible, físico o de multimedia– que describa la sexualidad “con un carácter malicioso o grosero”. Esto, de por sí, ya es bastante discutible (como veremos más adelante), pero comencemos por analizarlo, recordando bien los términos que hemos utilizado: Primero, la pornografía es una descripción y, segundo, la pornografía es “obscena”.

Ante todo: la descripción de una cosa, no es la cosa misma; por lo tanto, el sexo y los hechos de la sexualidad no son pornografía, aunque pueda serlo su descripción; desgraciadamente, muchas personas incultas o prejuiciadas tienden a confundir sexualidad con pornografía.

Además, la descripción de actos sexuales o cosas tocantes a la sexualidad, si no es obscena, maliciosa o grosera, no es pornografía. Y es aquí donde suelen diferir las opiniones, porque la apreciación de si hay obscenidad es totalmente subjetiva ya que no existe un criterio único de lo grosero y lo malicioso, dado que estas cualidades no son algo absoluto, sino que provienen de una interpretación personal y de un (supuesto) consenso social, o sea, de que haya un número suficiente de personas –y algunas de ellas lo bastante calificadas– que coincidan en tal interpretación.

Lo dicho hasta aquí ya plantea la interesante cuestión de los casos límite...

Supongamos que se nos presenta una obra como El Satiricón de Petronio, El Decamerón de Boccaccio, Sor Monika de Hoffmann, Fanny Hill de Cleland, o Lolita de Nabokov (por citar únicamente obras literarias) y supongamos que hay división de opiniones con respecto a si el libro puede considerarse o no pornográfico… ¿Quién será lo bastante calificado para zanjar la cuestión? Si los que están a favor presentan un experto, los que están en contra presentarán otro con más títulos y así sucesivamente. En la práctica, el conflicto será decidido por quienes tengan la sartén por el mango, es decir, por quienes ostenten el Poder Público, esto es, por el Estado. En efecto, ocurre a menudo que el Poder Público, considerándose como el “intérprete social autorizado”, decide arbitrariamente lo que es pornografía y lo que no lo es. Y el Poder Público justifica su actuación aduciendo razones muy válidas y serias, como son la protección de menores y de la moral social en general, frente a los efectos negativos de una representación maliciosa y grosera de los hechos sexuales.

Dejando aparte los casos dudosos y difíciles, en los que intervienen además problemas tan delicados como el de la libertad de expresión del artista, todo el mundo convendrá en que es correcto y adecuado que el Poder Público se reserve un margen de actuación frente a posibles obras pornográficas; pero ocurre a menudo que el Poder Público no refleja fielmente el consenso social, sino que aparece mediatizado por otros intereses, generalmente políticos o económicos. Esto se produce tanto a favor, como en contra de lo que se supone como pornografía, según el Gobierno de turno y sus intereses.

Pero, la realidad del término es que “Pornografía” es una palabra de origen griego que inicialmente significaba “Escritos de las Prostitutas”, refiriéndose a los gráficos y escritos (“graphein”) que las prostitutas (“porne”) mostraban a sus clientes, no sólo para excitarlos, sino para instruirlos, en especial en el caso de jóvenes que recién llegaban a la pubertad y se iniciaban en el contacto sexual. Para ponerlo más claro: Pornografía, inicialmente, no era otra cosa que los Manuales Sexuales de los Griegos, pudiendo, por tanto, extenderse el término al KamaSutra hindú, El Jardín Perfumado árabe... y los escritos de sexólogos actuales como Masters y Johnson, Kinsey, Hooper y demás. Lo que ocurre es que los Moralistas convirtieron esta palabra –así como tantas otras– en un despectivo para condenar lo sexual... lo cual, aparte de semánticamente incorrecto, es neurótico y hasta inmoral.

En realidad, la idea de los enfermos Moralistas es disponer de un término para lanzar a quienes se atreven a mostrar lo sexual abiertamente, pues la calificación de “Pornógrafo” implica una automática condena social (que puede llegar hasta la persecución legal).


domingo, 20 de octubre de 2013

Obscenidad

     
La definición de obscenidad  difiere entre las diversas culturas; entre las distintas comunidades dentro de la misma cultura; e incluso, entre los individuos de esas mismas comunidades.



Entonces... ¿Qué es, en concreto, lo que llamamos Obsceno?

     Se define la obscenidad como lo que hace referencia al sexo de un modo malicioso o grosero. Esta definición de obscenidad corresponde a una transformación de su uso, ya que la palabra procede del latín y significaba, originariamente, "lo que está fuera de escena" (es decir, fuera de lugar), o sea, lo socialmente incorrecto.
 
     Sin embargo, la definición tiene el mérito de enseñarnos que no es obsceno el referirse al sexo, ya sea de palabra, por escrito o en imagen, sino el hacerlo de una manera maliciosa o grosera.
 
     Bien es cierto que la malicia y la grosería siempre deberían considerarse como incorrecciones sociales, pero mucha gente toma el rábano por las hojas y tiende a confundir la obscenidad con la simple mención de la sexualidad o, ya en el colmo de la confusión mental, con la sexualidad misma.
Las diversas culturas han producido leyes que definen lo que es considerado obsceno para ellas. La censura se usa, a menudo, para intentar suprimir o controlar los materiales que resultan "obscenos" según esas definiciones.

     Los usos sociales no sólo varían según las épocas, sino –incluso– según el grupo social y cultural que se considere.

     Por esto, es sumamente importante tomar siempre en cuenta que la apreciación del grado de malicia o grosería es algo sumamente variable, que depende de múltiples factores.

     Por consiguiente, la obscenidad no es una cualidad propia de las cosas, sino un juicio muy subjetivo de quienes las ven, oyen y juzgan.

     De todos modos, salta a la vista que dicho juicio no es una opinión como las demás, como la que pueda emitirse –por ejemplo– acerca de las cualidades de un vino. Cuando se juzga obscena una cosa, tal apreciación suele ir acompañada de una fuerte reacción emocional, llamada indignación.

     Tal indignación puede presentar síntomas como congestión de las facciones, voz ronca, respiración dificultosa entorpeciendo la pronunciación y puños fuertemente apretados.

     Esta reacción a veces culmina en un acto de agresión contra la cosa obscena o la persona que haya cometido una obscenidad.
 

Debido a que el concepto de obscenidad está a menudo mal definido, puede ser usado como herramienta política para restringir la libertad de expresión. Así, la definición de obscenidad puede ser un tema que afecte a los derechos fundamentales de la persona.


     Por otra parte, es bien sabido que hay personas particularmente sensibles (o traumadas), que descubren obscenidad en objetos, libros, imágenes y comportamientos que para otros no presentan nada de particular.

     La reacción agresiva frente a un estímulo de tipo sexual, nos revela –concretamente– que las personas que actúan así sufren de un complejo sadomasoquista, que satisfacen atacando con furia aquellos estímulos sexuales a los que en realidad temen.

     No sólo sufren, sino que, además, buscan (y siempre encuentran) continuas oportunidades para seguir "sufriendo" la intolerable ofensa que –según ellos– les representa la obscenidad y, en lugar de encontrar la descarga nerviosa en un orgasmo, la buscan en un acto violento.

     Esta analogía es particularmente clara en el caso de los "indignados" que arrojan tinta sobre el objeto obsceno, o rasgan en dos la publicación obscena, o le prenden fuego; en todos esos actos podemos contemplar otros tantos sustitutivos simbólicos del coito con violencia.


miércoles, 28 de agosto de 2013

¡Protejamos a los niños!


¡Sí... pero respetando a los padres!

     ¡Aceptémoslo! Cada vez que se trata de cualquier "tema de moral" salen a relucir los niños. Todo el mundo parece estar categóricamente de acuerdo en que "hay que proteger a los niños"... pero muy pocos parecen haberse dado cuenta de todo lo que la actual situación implica.

     Lo primero que tenemos que comprender es que el Estado no debe –en ningún caso– suplantar a la familia si queremos formar niños que sean un aporte positivo para nuestra Sociedad... Esto implica que el Estado debería fomentar, proteger, apoyar y respetar a la Familia como el medio natural de formación del ser humano.

     Y aquí debemos enfatizar lo de "respetar"... Los padres –según determina el Derecho y en casi todas partes del mundo– tienen la Patria Potestad, esto es, el derecho de decidir sobre la formación y destino de sus hijos mientras éstos sean menores de edad, no tocando al Estado, ni a la Iglesia, el entrometerse.
 
     Por desgracia, ese importante punto no se respeta... Por ejemplo: Usted tiene derecho a "elegir la formación de sus hijos", pero el Estado obliga a un Programa único que incluye cosas en que como padre usted puede muy bien no estar de acuerdo, en especial en lo que toca a Religión (si es que no profesa la del medio) y, más aún, cuando llegamos a la Educación Sexual, en que muchas veces se enseña a los niños criterios que no son compartidos por los padres.

     Creemos que deberían ser los padres los que decidan cómo formar a sus hijos en base a sus propias creencias sociales y morales, con Programas Escolares más flexibles y sin interferencia alguna ni del Estado ni, mucho menos, de la Iglesia... a menos que los mismos padres, como creyentes, deseen someterse a su jurisdicción.

     Pero hay un punto adicional que no debemos pasar por alto... Es el hecho de que no toca a los Gobiernos el suprimir cosas de adultos "para que los niños no las vean"... Claro que esto parece referirse sólo al sexo (siempre atacado) y no a la violencia (que sí vemos por todas partes).

     Esto es un doble perjuicio:

     Para el niño, porque pretende criarlo en una burbuja irreal, con lo cual no estará listo para enfrentar la propia sexualidad (y el mundo) cuando crezca.

     Y hay perjuicio también para los adultos, pues lesiona su Libertad de Elección en aras de un moralismo castrador que ataca todo lo que teme, amparándose en la fácil excusa de los niños.

     Como yo digo siempre, si esto sigue así, terminaremos por convertir el mundo en un Kindergarten para Adultos en aras del cuento de "proteger a los niños" y todos esos pequeños sobreprotegidos serán como "Niños Burbuja", incapaces de enfrentar y manejar adecuadamente la realidad sexual cuando sean adultos... como, por desgracia, ocurre ya hoy en día.

     Sigmund Freud, padre de la Psicología moderna (y autoridad indiscutible en el tema), afirmaba que "la etiología (origen) de toda neurosis… es sexual".
     Esto, concretamente, significa que nuestra ignorancia y las malas actitudes al respecto de lo sexual, adquiridas en la niñez, son las causas de nuestras depresiones, neurosis e infelicidad de adultos.
     La solución concreta que Freud daba para evitar este problema era que, antes de la pubertad, los niños pudiesen ver (y tocar) los órganos sexuales de adultos bien desarrollados de ambos sexos, observando muy de cerca una relación sexual completa y placentera entre los mismos y obteniendo respuestas francas a todas sus preguntas.
     Las pocas sociedades (como las de las islas polinésicas y las orientales) en que ha existido este tipo de libertad e información sexual, se hallaban verdaderamente libres de las neurosis que plagan nuestra sociedad… hasta que fueron invadidas y contaminadas por los consabidos fariseos que convierten el placer sexual en "delito contra la moral".

lunes, 17 de junio de 2013

Los Censores

¿Quiénes son los Censores...? ¿Quién los asignó como tales...? ¿Qué es lo que realmente intentan hacer...?¿Quiénes son los Censores...?
 
¿Quién los asignó como tales...?
 
¿Qué es lo que realmente intentan hacer...?


       La versión “oficial” es que ellos son la gente que quiere “protegerlo” a usted —y, por supuesto, a “los niños” (su excusa más conveniente)— de todo lo sucio y malo. Pero... ¿quién decide qué es “lo sucio y malo”? ¡Todo el asunto es pura intolerancia!
 
       En el libro “Camino”, escrito por el Obispo Católico Escrivá de Balaguer (y dividido en versículos para que los memoricen sus secuaces), el sanguinario fundador de la muy intolerante (y muy poderosa) Organización “Opus Dei”, leemos:

Intolerancia, coacción, desvergüenza

El plano de santidad que nos pide el Señor está determinado por estos tres puntos: La santa intransigencia, la santa coacción y la santa desvergüenza.” (Camino, versículo 387).

 

 
       Para ponerlo clara y crudamente (no una cita, sino nuestra traducción de lo que ellos dicen): “No aceptes a aquéllos que piensan distinto de ti (intolerancia), retuerce sus brazos para hacerlos hacer lo que tú quieres (coacción)... ¡y no te sientas mal por ello (desvergüenza)!”
 
       Así de malo... ¡y va en serio! Va tan en serio que, por si alguien no entiende su punto de “santa” coacción, un poco más allá encontramos, literalmente:
 
Si, por salvar una vida terrena, con aplauso de todos empleamos la fuerza para evitar que un hombre se suicide... ¿no vamos a poder emplear la misma coacción —la santa coacción— para salvar la Vida (con mayúscula) de muchos que se obstinan en suicidar idiotamente su alma?(Camino, versículo 387).
 
       Aquí —tan desvergonzadamente como recomiendan— tenemos una muy clara explicación de la mecánica de la Censura: Cómo los “santos y correctos” supuestamente son los únicos que distinguen el bien del mal, ellos deben “protegernos” de nuestras idiotas y pecaminosas tendencias. Por supuesto, la consecuencia “lógica” de tal modo de pensar es que ellos deben gobernar el Mundo para que toda la Humanidad sea “buena” y, a menos que los paremos en seco... ¡eso es exactamente lo que intentan hacer!
 
       Wilhelm Reich vio esto muy claramente, ya que escribe:
 
Los Moralistas nunca entenderán, no importa lo objetivo de nuestros argumentos, que la miseria sexual es uno de los frutos que brota de la moral coactiva que predican.”
 
       Esto es tan cierto... Usted sólo tiene que leer un poco de Historia (o simplemente mirar alrededor suyo) para verificarlo.
 
Despertemos al peligro de los Censores que amenaza no sólo la internet, sino nuestra vida diaria       Es tiempo de que todos nosotros despertemos al peligro de los Censores que amenaza no sólo la Internet, sino nuestra vida diaria. En vez de esquivarlos, luchemos contra ellos, defendiendo lo que creemos y mostrándolos como lo que realmente son (cobardes ponzoñosos) frente a todo el mundo. No permita que los Censores en su vecindario confundan a aquéllos que no se han dado cuenta de lo solapados que son o, demasiado pronto, se encontrará enfrentando a sus propios amigos y parientes que intentarán “rescatarlo”, puesto que el arma favorita de los Censores es atacarlo a usted a través del confundir a aquéllos que usted más ama.
 
       De modo que, la próxima vez que alguien pinte como maravilloso el cuento chino de la Censura y comience a criticarlo a usted y su estilo de vida (o el de cualquier otra persona), diciendo que “debería ser prohibido”, no se achique... ¡CONTESTE! Enfrente sus palabras con las de usted, pregunte directamente cuál es el límite y cuánta Censura necesitamos y por qué... sobre todo, pregúnteles crudamente dónde encaja la Libertad en sus razonamientos (respuesta: NO encaja). Pronto los tendrá desenmascarados en frente de aquéllos cuyo apoyo buscaban ganar.

¡Despierte!
¡Conteste!
¡LUCHE por su propia Libertad!
 
... ¡y hágalo AHORA!